El primer día que estuve en Tirana me encontré con mucho tiempo libre debido a que el que por entonces era mi compañero de rodaje se encontraba enfermo, con malaria o cólera según decía él al principio, cosa que al final resultó ser una indigestión y algo de cansancio acumulado. Era el día de San Valentín, y lo supe no porque lo tuviera apuntado en la agenda, sino porque Tirana amaneció llena de globos rojos en forma de corazón y otras decoraciones similares. Tan exagerado era que hasta los edificios oficiales del gobierno se llenaron de semejantes adornos. Los bares y comercios también, por supuesto. Las chicas paseaban con ramos de flores y los mensajeros esquivaban cochazos para entregar a tiempo todos los ramos de flores que después las tiranesas lucirían orgullosas por la calle.
En la valla de la que fuera la casa del dictador, Ember Hodxa, alguien colocó unas rejas donde las parejas de enamorados enganchaban pequeños candados unidos a vistosas tarjetas de flores, colorines y brillantina con sus promesas de amor eterno.
Y hasta en algo así de inocente se pudo ver el carácter mafiosillo de algunos albaneses. Cuando estaba sacando fotos, me fijé en una pareja que llevaba ya varios minutos haciendo “algo” en la valla. Presté atención a lo que yo pensaba que sería algo romanticón y ñoño pero… no. Lo que hacía el chico-mientras la chica reía- era intentar abrir uno de los candados con la punta de su navaja. ¿Para qué querrían hacer algo así? A lo mejor uno de los dos se había equivocado de pareja al escribir su dedicatoria o a lo mejor sólo querían vender el candado por ahí y sacarse unos lek para un bocadillo… A saber.
Me chocó tanto la importancia que se le da a esta festividad, que decidí salir con la cámara para intentar captar el ambiente.
Al final de la tarde, acabamos Berti y servidora cenando juntos una pizza en un restaurante lleno de parejitas. También había un par de hombres con cara de aburridos. Se los señalé a Berti diciéndole: mira, un matrimonio gay. Casi le da algo de la vergüenza y de la risa. Recordemos que en Albania el tema de la homosexualidad aún es un tabú, y a mi pobre amigo casi le supone una embolia cerebral escuchar semejante comentario por mi parte.
En fin, que si alguien quiere pasar un San Valentín cursi a más no poder, corred a Tirana el año que viene. Lo tiene todo.










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