Hace un mes que volví del sureste asiático. Aún no me he asentado del todo pero ya siento la necesidad de partir de nuevo. Esta vez no va a ser posible. No hay dinero, no hay medios. He cubierto las necesidades más imperiosas: un trabajo precario para pagar el alquiler, comer... y pare usted de contar, que veinte horas no dan para mucho más. He venido para engordar un poco más la abultada lista de "jóvenes-aunque-sobradamente-parados".
Ahora tengo todo el globo terráqueo para buscar un empleo como periodista, como fotógrafa, como ambas, o como cualquier cosa que me quieran dejar hacer y que sea más interesante que poner palomitas en un cine de provincia. Porque, a todo esto, esa es mi nueva faceta laboral: palomitera y expendedora de chuches a media jornada.
De momento no hay suerte, o si la hay, es mala-malísima. Mientras encuentro mi sendero particular hacia la satisfacción profesional y las nóminas de más de 3 cifras, seguiré contando aventuras desde este espacio, el único desde el que me dejan publicar de momento (si no contamos Ticketea, para quienes he vuelto a escribir posts).
A veces hablaré de Asia, pues el viajecito ha dado mucho de sí -para más detalles, me explayé en su día en el blog de Arroz con perro, con mi querido Rodrigo Solana- y, cuando me apetezca, pondré verde al gobierno, a los medios de comunicación españoles, a mis jefes o a quien me dé la gana. Que para eso me pagan.
Y mientras, también estoy intentando poner un poco de orden en mi galería de Flickr y en esa página personal que creé con pretensiones de fotoperiodista.
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