viernes 29 de julio de 2011

De mudanza

Dicen que hay que renovarse o morir, y yo eso lo llevo muy a rajatabla. Por eso hoy tengo el placer de anunciar que Desaprendiendo se muda a la plataforma de Wordpress. Estoy muy contenta con blogspot pero lo cierto es que la nueva tiene más aplicaciones y más versatilidad.

Mi nueva dirección es muy parecida a esta: http://nabiaorebia.wordpress.com  Me gustaría mucho que los que ya sois seguidores de este blog os suscribais al nuevo y que me vayais enviando los enlaces de vuestras bitácoras para que os pueda seguir desde allí. Poco a poco voy recopilando páginas, pero son muchas, así que me ayudais sería perfecto!

Y como andamos de estreno, ayer publiqué mi primer post de esta nueva era, titulado Las falsas apariencias. Espero que os paseis y comenteis qué os parece.

Un abrazo a todos :)

martes 14 de junio de 2011

La mayor amenaza para Indonesia


Los orangutanes se aferran a la vida en Bukit Lawang

Indonesia contiene el diez por ciento de los bosques del planeta, pero después de Brasil, es el que más jungla ha perdido de todo el mundo en las últimas décadas.
Si nos basamos en la estadística pura y dura, se están haciendo los deberes en materia medioambiental, dado que las leyes son muy estrictas en lo relacionado con la protección de las selvas o el uso de territorio y su impacto para el medioambiente. No obstante, la realidad es bien diferente, dado que la normativa se incumple constantemente, y por lo general, con el beneplácito de las autoridades.

Plantaciones de "rubber tree"
 La masa forestal se está reduciendo dramáticamente, debido a la tala ilegal y a la creación de plantaciones para palma de aceite. El primer caso se da por parte de campesinos que poseen pequeños o medianos terrenos y deciden eliminar la jungla para plantar otro tipo de árbol, el “rubber tree”, que da goma y se vende a muy bien precio, sobre todo a Estados Unidos. Así, Greenpeace calcula que el 50 por ciento de los 150 millones de hectáreas de bosque indonesio ya han desaparecido. Un récord escalofriante.

Así se extrae la goma
 Por supuesto, los efectos colaterales se sienten en todo el territorio. La deforestación masiva ha provocado cambios en el ecosistema que desembocan en inundaciones y desprendimientos sobre tierras antes fértiles que ahora se lleva el agua por delante. Estos efectos se sienten sobre todo en las poblaciones más cercanas a zonas de jungla, como ha sido el caso de Bukit Lawang, el pueblecito que sirve de base para adentrarse en el Parque Nacional Leuser, en el norte de Sumatra

Este río arrasó la aldea de Bukit Lawang en 2008. Dejó 300 muertos


Puente construído tras las inundaciones
 En 2003, una presa se rompió debido a la cantidad de escombro y basura que acumulaba el río, y la lengua de agua arrasó toda la zona dejando más de trescientos muertos. Aunque las instalaciones básicas para el turismo están prácticamente reconstruidas –gracias a la ayuda internacional y a diversas ONG-, sus habitantes aún lloran a las víctimas.

Reconstrucción de Bukit Lawang
 Otro efecto es la más que posible extinción total del mamífero arborícola más grande del mundo: el orangután. Antes se encontraban en todo el sureste asiático, pero ahora sólo quedan contados ejemplares en las selvas de Borneo y Sumatra. Los investigadores temen que los pocos que hay no resistan la desaparición de su hábitat, provocado por la deforestación. Aunque son muy inteligentes, sus costumbres son incompatibles con una selva cada vez más pequeña.

Orangután hembra
 En este parque nacional existe el llamado Centro de Rehabilitación para orangutanes de Bohorok. Aquí, se puede ver cómo los guardas forestales alimentan un par de veces al día a ejemplares en recuperación por haber sufrido cautividad o haber sido desplazados de su hábitat natural debido a las talas. Hasta ahora, se han devuelto unos doscientos ejemplares a la jungla,  y algunos ya se han reproducido.


En el centro de rehabilitación facilitan comida a los orangutanes
 Y con este panorama nos encontramos a Ali Rusli y a Green Life. Éste es el nombre de una asociación creada por una pareja checa y que cuenta con financiación de la Indonesian Foundation Yayasan Kura Kura Nusa Penida, y con la Union of Czech and Slovak Zoological Gardens.

Ali Rusli
 Comenzaron a operar en la zona de Bukit Lawang en 2008 y de momento sus expectativas se han ido cumpliendo. El objetivo de Green Life es restablecer reservas privadas para la restauración y protección de la jungla tropical. Para ello, la organización compró en un primer momento veintiuna hectáreas de tierra, siendo un 60 por ciento de selva virgen, junto al borde del Parque Nacional Leuser. Su fin es proteger el territorio de la tala para la plantación de árboles de la goma, y de reforestar las zonas afectadas para devolverlas a su estado natural. También se planeó la construcción de una pequeña instalación en la jungla que sirviera como base para el estudio, la observación, la documentación y la realización de actividades relacionadas con el ecoturismo.

Las más pequeñas también necesitan su habitat
 Estos dos objetivos ya se han cumplido, las hectáreas compradas han sido recuperadas para la jungla y este año Green Life ha adquirido de varios particulares otras treinta hectáreas de terreno de los valles adyacentes con los mismos fines que la primera vez. En esta área se han creado también las llamadas “guarderías de árboles”, donde se plantan y cuidan árboles autóctonos que más adelante puedan ser utilizados para reforestar zonas de la jungla que han sido dañadas. 

Árbol compás
Además, la organización trabaja en la creación de programas educativos para estudiantes y profesores con el fin de concienciarles en el cuidado y respeto a la naturaleza.

Mono punki, típico de las selvas de Sumatra
Aunque parezca mentira, todos podemos colaborar en el proyecto de Ali y sus colegas checos. En la página web del proyecto, www.adventure-leuser.com, se pueden realizar donativos o también consultar los numerosos programas de ecoturismo que ofrecen, para quien piense en unas vacaciones diferentes. Los hay de todos los precios y clases, pudiendo hacerse una ruta de una semana por toda la jungla, quince días de trabajo voluntario –en este caso te ofrecen cama y comida a un precio irrisorio- o un día de excursión. También se programan excursiones específicas de varios días para fotógrafos.

Pudimos ver orangutanes en estado de libertad


Nuestro guía sabía cómo atraer la atención de los monos
Dicho esto, os animamos a que echeis un vistazo a la página de Green Life. Quién sabe, a lo mejor este blog da pie a algún lector para acabar en Sumatra cuidando la jungla.
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*Escribí esta entrada en su día para el blog que escribí con mi pareja durante nuestro viaje por el sureste asiático. Ahora la recupero para Desaprendiendo porque me gustó mucho el tema y lo quiero dar a conocer más. Algunas de las fotos son de Rodrigo Solana.

jueves 9 de junio de 2011

Una más del montón

 Hace un mes que volví del sureste asiático. Aún no me he asentado del todo pero ya siento la necesidad de partir de nuevo. Esta vez no va a ser posible. No hay dinero, no hay medios. He cubierto las necesidades más imperiosas: un trabajo precario para pagar el alquiler, comer... y pare usted de contar, que veinte horas no dan para mucho más. He venido para engordar un poco más la abultada lista de "jóvenes-aunque-sobradamente-parados".

Ahora tengo todo el globo terráqueo para buscar un empleo como periodista, como fotógrafa, como ambas, o como cualquier cosa que me quieran dejar hacer y que sea más interesante que poner palomitas en un cine de provincia. Porque, a todo esto, esa es mi nueva faceta laboral: palomitera y expendedora de chuches a media jornada.

De momento no hay suerte, o si la hay, es mala-malísima. Mientras encuentro mi sendero particular hacia la satisfacción profesional y las nóminas de más de 3 cifras, seguiré contando aventuras desde este espacio, el único desde el que me dejan publicar de momento (si no contamos Ticketea, para quienes he vuelto a escribir posts).

A veces hablaré de Asia, pues el viajecito ha dado mucho de sí -para más detalles, me explayé en su día en el blog de Arroz con perro, con mi querido Rodrigo Solana-  y, cuando me apetezca, pondré verde al gobierno, a los medios de comunicación españoles, a mis jefes o a quien me dé la gana. Que para eso me pagan. 

Y mientras, también estoy intentando poner un poco de orden en mi galería de Flickr y en esa página personal que creé con pretensiones de fotoperiodista.

jueves 31 de marzo de 2011

Réquiem: by the photograhers who died in Vietnam and Indochina

Un padre sostiene el cadáver de su hijo ante la mirada de un convoy de vietnamitas del sur. Marzo de 1964. Hoorst Faas
 Estando de paso por Saigón, o como se llama ahora, Ciudad de Ho Chi Minh, en Vietnam, no quise perderme el Museo de los Vestigios de la Guerra, un lugar que recoge gran cantidad de información sobre las dos guerras de Indochina. La primera, entre 1945 y 1954 fue contra la colonización francesa, y la segunda, o más conocida como Guerra de Vietnam, se desarrolló entre 1964 y 1975 y supuso la primera derrota militar de los Estados Unidos.
Se podrían contar muchísimas cosas sobre este sitio, y de hecho, recomiendo a todo el mundo su visita. Dejando a parte que es un museo hecho por el bando del norte, con su correspondiente dosis de propaganda más o menos comprensible, no deja de ser escalofriante. Son brutales las descripciones de las torturas sufridas por los vietnamitas, o las fotografías que muestran los daños que ha hecho el agente naranja en muchas víctimas inocentes. Y pienso que es muy positivo que toda esta barbarie se siga enseñando al gran público para que nunca se olvide lo que aquí ocurrió. 

Víctimas. Hoorst Faas

 No obstante, me voy a centrar en sólo una de las salas de este museo. Se trata de la que recoge la exposición fotográfica “Réquiem: por los fotógrafos que murieron en Vietnam”.
Es una recopilación de más de trescientas fotos –la mayoría en blanco y negro- tomadas por 135 fotoperiodistas que cayeron durante las dos contiendas. Todos ellos, hombres y mujeres, pertenecían a once nacionalidades y trabajaron en ambos frentes: 72 periodistas vietnamitas del lado revolucionario y otros once del régimen de Saigón, 16 americanos, 12 franceses, 4 japoneses y varios de Australia, Austria, Inglaterra, Alemania, Suiza, Singapur y Camboya.

 El fotógrafo de AP Huynh Thanh My en plena batalla, desde un campo de arroz en el delta del Mekong. La foto fue hecha un mes antes de su muerte durante un combate, el 10 de octubre de 1965.

Entre todos los que murieron cubriendo la guerra, están los nombres de Larry Burrows, Taizo Ichinose, Nha Dung, Everette Dixon Reese, Sean Flynn, Henry Huet, Thong Veasna, Dana Stone, Dickie Chapelle, Sam Kai Faye, Terence Khoo o Kyochi Sawada. 

Una de las imágenes más reconocidas del fotógrafo norvietnamita Mai Nam, de AP Photo. Un F-105 americano se precipita, el piloto saltó en paracaídas y salvó la vida pero fue capturado y permaneció en una prisión de Hanoi entre 1966 y 1973.
 Personalmente, uno de los trabajos que más me han impresionado es el de Larry Burrows, cuyas fotografías a color –las primeras de la guerra- fueron publicadas en Life!. Fotografió nada menos que 50 misiones de combate hasta conseguir lo que quería. El 25 de enero de 1963, la revista más poderosa de América publicó su primera gran historia sobre la guerra de Vietnam con unas fotos de Burrows en las que guerrilleros del Vietcong aparecían torturados y muertos. Fueron 14 páginas que sentaron precedente para los futuros reportajes de guerra.
Las fotos de Burrows en color para Life! dieron la vuelta al mundo
Otra foto de Burrows para Life!
 El trabajo de Henri Huet también me ha parecido de los más impactantes. De padre francés y madre vietnamita, sus fotos sirvieron para sumar voces a la protesta antibelicista y contra la crueldad de los soldados estadounidenses. Huet es dueño de una de las imágenes con más fuerza de toda la exposición, la de una madre con dos niños de la región de Binh Dinh que aparecen enmarcados entre las piernas de un soldado de la Primera División de Caballería del ejército americano. No obstante, también hay muchas imágenes que constatan las penurias que pasaron los estadounidenses, que salen gravemente heridos en muchas de esas fotos. Huet murió el 10 de febrero de 1971 durante una misión de reconocimiento en Laos.
Una de las fotos más impactantes de Huet


Thomas Cole, médico de la Primera División de Caballería, vigila con su ojo sano al sargento Harrison Pell, herido. (AP Photo/Henri Huet)

 A Robert Capa también se le ha dedicado un espacio en Réquiem. El más famoso fotoperiodista de todos los tiempos falleció el 25 de mayo de 1954 en el delta del río Hong, en la provincia de Toking, en Vietnam. Capa quería fotografiar el enorme contraste entre los soldados franceses que inspeccionaban el terreno y los humildes campesinos que recogían arroz bajo sus sombreros cónicos. El polaco subió a una colina para buscar nuevos ángulos de tiro y pisó una mina que le costó la vida. En la exposición descansan las dos últimas fotos que disparó, una con el carrete de blanco y negro y otra con el de color, en las que se aprecian los soldados franceses entre los arrozales e incluso la colina a la que subió y donde moriría minutos después. 
Última foto del rollo de color tomada por Capa antes de morir
 La génesis de esta muestra nació de las mentes de dos reporteros veteranos -Tim Page y Hoorst Faas-, heridos en el campo de batalla vietnamita. Su plan era recopilar una basta colección de fotografías de la guerra en Indochina para conmemorar a todos los fotoperiodistas que murieron en ella. 
Tim Page en la actualidad, contemplando la exposición. Peter Stuckings

Esta idea se empezó a convertir en una realidad cuando la Agencia de noticias de Vietnam (Vietnam News Agency) les permitió acceder a su registro de fotografías. Gracias a esta ayuda, Page y Faast recopilaron la enorme colección que ahora se puede visitar.
No obstante, también es cierto que el propósito inicial de Tim Page era investigar la suerte que habían corrido dos colegas suyos, Sean Flynn y Dana Stone, desaparecidos en Camboya en 1970 y probablemente capturados por los jémeres rojos. En 1984 fueron declarados legalmente muertos, y nunca se ha sabido qué fue de ellos ni se han encontrado sus cuerpos.

Sean Flynn y Dana Stone
El título de esta colección sugiere que es un réquiem por la guerra, pero por encima de todo se trata de un homenaje de parte aquellos que volvieron de Vietnam para los que no lo hicieron. Las fotos enseñan no sólo la violencia y el sinsentido propios de un conflicto bélico, sino que también trae de vuelta al presente los rostros de los que estuvieron allí realizando un trabajo tan valiente de documentación y corriendo riesgos tan graves que les acabaron costando su propia vida. 
Dickey Chapelle murió el 4 de noviembre de 1965 en Vietnam, convirtiéndose en la primera mujer corresponsal asesinada en una guerra. (AP Photo/Henri Huet)
 Estos fotógrafos tomaron imágenes con el poder de permanecer en la memoria colectiva mucho tiempo después de que la guerra terminase. Poderosas, inolvidables, críticas con lo que se hizo y no se hizo en aquellos nefastos años para Indochina. Constituyen un pedazo de la historia contemporánea que de otro modo no se hubiera conocido nunca, y contribuyeron a concienciar a la población mundial, cuyas protestas en todos los países tuvieron tanta importancia. 
Universitarios americanos protestando contra la guerra de Vietnam. 1965/AP
 ‘Réquiem’ se encuentra expuesta de forma permanente en el Museo de los Vestigios de la Guerra de Ciudad de Ho Chi Minh  desde 1999 y ha sido respaldada por la Vietnam Association of Photographic Artists (VAPA), y por la Vietnam News Agency. También existe un libro del mismo título publicado por la editorial Random House y que puede comprarse a través de Internet por unos 70 euros.

jueves 3 de marzo de 2011

San Valentín a la albanesa


El primer día que estuve en Tirana me encontré con mucho tiempo libre debido a que el que por entonces era mi compañero de rodaje se encontraba enfermo, con malaria o cólera según decía él al principio, cosa que al final resultó ser una indigestión y algo de cansancio acumulado. Era el día de San Valentín, y lo supe no porque lo tuviera apuntado en la agenda, sino porque Tirana amaneció llena de globos rojos en forma de corazón y otras decoraciones similares. Tan exagerado era que hasta los edificios oficiales del gobierno se llenaron de semejantes adornos. Los bares y comercios también, por supuesto. Las chicas paseaban con ramos de flores y los mensajeros esquivaban cochazos para entregar a tiempo todos los ramos de flores que después las tiranesas lucirían orgullosas por la calle. 

En la valla de la que fuera la casa del dictador, Ember Hodxa, alguien colocó unas rejas donde las parejas de enamorados enganchaban pequeños candados unidos a vistosas tarjetas de flores, colorines y brillantina con sus promesas de amor eterno. 

Y hasta en algo así de inocente se pudo ver el carácter mafiosillo de algunos albaneses. Cuando estaba sacando fotos, me fijé en una pareja que llevaba ya varios minutos haciendo “algo” en la valla. Presté atención a lo que yo pensaba que sería algo romanticón y ñoño pero… no. Lo que hacía el chico-mientras la chica reía- era intentar abrir uno de los candados con la punta de su navaja. ¿Para qué querrían hacer algo así?  A lo mejor uno de los dos se había equivocado de pareja al escribir su dedicatoria o a lo mejor sólo querían vender el candado por ahí y sacarse unos lek para un bocadillo… A saber.

Me chocó tanto la importancia que se le da a esta festividad, que decidí salir con la cámara para intentar captar el ambiente. 

Al final de la tarde, acabamos Berti y servidora cenando juntos una pizza en un restaurante lleno de parejitas. También había un par de hombres con cara de aburridos. Se los señalé a Berti diciéndole: mira, un matrimonio gay. Casi le da algo de la vergüenza y de la risa. Recordemos que en Albania el tema de la homosexualidad aún es un tabú, y a mi pobre amigo casi le supone una embolia cerebral escuchar semejante comentario por mi parte. 

En fin, que si alguien quiere pasar un San Valentín cursi a más no poder, corred a Tirana el año que viene. Lo tiene todo.

lunes 28 de febrero de 2011

Albanian sagas: De mercadeo


Hoy se ha acabado todo mi trabajo relacionado con el documental en el que estaba echando una mano. Pero como he dicho en una entrada anterior, no pasa nada porque esto no ha hecho más que empezar. Como la mañana ha sido bastante ingrata, mi querido amigo Berti se ha ocupado de que pasara el resto del día de la forma más agradable posible. 

Me ha llevado primero a un centro comercial llamado City Max, que es una auténtica oda al consumismo capitalista. Resulta que todas las grandes marcas están aquí. Replay, Levi’s, Benetton, Chicco… yo creía que lo más cercano que había a una gran marca eran las tiendas a lo “modas Puri” que pegaban en su puerta pegatinas de vinilo con los logos de Zara, Bershka o Dior, así todas juntas. Pero resulta que aquí, si quieres ir a por lo pijo, también puedes, aunque a un precio desorbitado. En Albania están de rebajas, pero con todo y con eso los productos de importación son más caros que en España.

La verdad es que, salvo por las águilas de escayola de la entrada, este CityPark no me ha gustado mucho, es como uno de esos centros comerciales que encuentras en las afueras de cualquier ciudad española. Allí vi a varios grupitos de chicos que paseaban sin rumbo definido. Berti me explicó que son chavales sin trabajo que pasan el día así, paseando con los amigotes por todo Tirana sin hacer nada más porque no tienen ni un duro. Como el autobús que va a CityPark es gratuito, van allí sin tener que gastar. Esto del bus gratis imagino que será para fomentar la asistencia de los tiraneses, pero la verdad es que no les funciona porque el sitio estaba desierto. 

El segundo lugar al que hemos ido es mucho más interesante: el mercado de la estación de trenes. ¿Qué puedo decir? Sucio, cutre, desordenado, caótico… y fascinante. No es tan atractivo como un bazar de una ciudad musulmana, esto es más humilde  y con menos encanto. Pero aún así tiene su gracia por la cantidad de gente singular que te encuentras por allí. 

Estuve realizando un ejercicio de “perder la vergüenza” cuando quiero hacer fotos a desconocidos, así que me puse a preguntar a todo el mundo si podía retratarles en su tenderete. Pero en albanés, con mi acento extranjero. Salvo un señor, todos se dejaron. Me decían muchas cosas que no a veces no entendía, pero reían, me daban besos, me regalaban fruta… Qué gente más simpática, de verdad. Acabamos la excursión comiendo un bocadillo del famoso e indigesto çofte y volvimos por las vías del tren, donde conocimos al vigilante de la estación. Es un señor al que le falta un dedo y que se portó muy bien conmigo, dejándome enredar entre los trenes, hacerle fotos a todo y que hasta me ayudó a subir a un vagón que estaba hecho chatarra.

Hoy he visto un clarísimo ejemplo de cómo esta ciudad de raíces comunistas está dejando entrar el capitalismo a pasos agigantados. Parece mentira que el CityPark y el mercado central pertenezcan a la misma urbe y al mismo tiempo histórico. 

Eso sí, para ejemplo de la singularidad de Tirana me quedo con el magnífico Albanian Fried Chicken, que es un plagio exacto del archiconocido Kentucky americano, sólo oque en este caso no aparece un señor dibujado en el cubo de pollo y la K ha sido sustituida por una A. 


Todo lo demás es exacto: el menú, el logo, el local… Lo mismo que Kolonat, que es la copia de McDonalds. Cómo debe ser este país para que las multinacionales americanas no haya entrado a denunciarles por plagio. Creo que Albania es el único país europeo que carece de Burguer King o Mc Donalds, pero desde luego que con su versión balcánica van que chutan porque es exacto.